Veamos…

Cuando analizamos la situación del sistema educativo en España, la primera impresión al asomar la cabeza en los colegios, es la de una necesidad urgente de reforma para adecuarlo a la nuevos modelos de sociedad, y no limitarlo a la introducción de las nuevas tecnologías en las aulas. Debemos contemplar la necesidad de integración real de todos los niños y niñas, educando, como se menciona en Las Comunidades de aprendizaje, en la Igualdad de diferencias, en oposición al principio de diversidad, que relega la igualdad. Así lo señala también el texto de la asignatura: “se trata de defender y de reclamar lo propio, lo específico de cada uno, a la vez que se reclama la igualdad en el trato, en el acceso a todo bien”. Sin embargo, tan sólo echando un vistazo rápido a la actual legislación vigente en materia de educación, comprobamos como realmente las leyes van por delante del sistema educativo, que ya contemplan estas necesidades.

Tenemos un ejemplo en Vivir juntos con igual dignidad, el Libro Blanco del Consejo de Europa sobre Diálogo Intercultural (2008), que propone crear la identidad europea, basada en los valores fundamentales compartidos, en el respeto de nuestro patrimonio común y diversidad cultural, así como en el respeto de la dignidad de cada persona.

Podríamos preguntarnos en qué hemos fallado, por qué no se implantan en los colegios esas nuevas pautas de actuación, pero es más práctico centrarnos en qué podemos hacer para cambiar la situación actual. Hay que plantear alternativas.

Es evidente que la sociedad está en continuo cambio, y que estos cambios suceden muy rápidamente. Tanto, que algunas veces cuesta seguir el ritmo. Hemos pasado en poco tiempo de hablar de la Sociedad de la Información, a hablar de la Sociedad del Conocimiento, cuando aún no habíamos terminado de adaptar el sistema educativo a la primera…

Si en la Sociedad del Conocimiento es necesario el aprendizaje durante toda la vida, ya que siempre será necesario saber más, tenemos que proporcionar a las personas los medios y capacidades para acceder a la información y para transformarla en conocimiento. Esto incluye, por supuesto, aprender a utilizar los nuevos recursos tecnológicos, a comunicarnos en los más diversos escenarios, pero también a comunicarnos de diversas formas con personas de diversa índole.

Aunque me confieso firme defensora de la Educación en Casa como una opción educativa válida, y cuando leo acerca de casos como el de Caitlin Moran me reafirmo aún más en mi postura, comprendo que las familias de 8 hermanos como la suya ya son poco habituales y un hijo único educándose de forma aislada no conseguiría fácilmente los objetivos que planteaba anteriormente. Aunque los padres pongan todo su empeño en buscar formas de socializar para su hijo o hija, es tarea complicada al estar la mayoría de los niños en los colegios la mayor parte del día.

Otra opción viable, que sí contempla la socialización de los infantes son las Escuelas Alternativas, como la Escuela Viva El Roure. Tienen un enfoque en general naturalista, son respetuosas con los ritmos de aprendizaje y con los intereses de los niños y niñas. También favorecen, e incluso en ocasiones exigen, la participación de las familias. Normalmente carecen de la homologación necesaria para la obtención de los títulos oficiales, de manera que, al igual que ocurre con la educación en casa, estos niños y niñas llegan a la edad de comenzar la Universidad, los que desean hacerlo, con los conocimientos y capacidades necesarios, pero al no existir legislación al respecto, tienen que acceder a través de pruebas de acceso o cursos para adultos.

Ha sido al estudiar el caso del Colegio Público Trabenco y las Comunidades de Aprendizaje, que he comprendido que, sin negar las opciones anteriores, nuestro esfuerzo debe enfocarse en cambiar el sistema educativo público. A fin de cuentas es al que todos tienen, tenemos, acceso. Debemos seguir el ejemplo de la comunidad educativa de Trabenco que lucha por mantener sus ideales referentes a educación y convivencia. O de las Comunidades de Aprendizaje, que ya son 56 en el territorio español, por su trabajo por dar una educación de calidad a todos los niños y niñas, independientemente de sus capacidades, recursos económicos u origen cultural, favoreciendo valores como la solidaridad y la cooperación, sin dejar de lado la formación de familiares de los alumnos y alumnas, ya que sabemos que el aprendizaje se efectúa por la interacción con las personas del entorno y de esta manera no se excluye a los educandos que provienen de familias desfavorecidas. Así, lograríamos estar más cerca de la aplicación de las leyes, nacionales y europeas, en materia de educación.

También podemos ir un paso más allá. Como apunta Falko Peschel en su libro, podemos hacer reflexionar a los aspirantes a educadores acerca de cómo debe ser la educación. Cómo la hemos vivido hasta ahora. Cómo hemos aprendido cada uno de nosotros. Qué nos ha ayudado a mantener el interés y la curiosidad, y qué ha destruido en nosotros el deseo de seguir aprendiendo. Ayudemos a transformar la educación desde dentro del sistema formando educadores especializados en nuevas pedagogías. Ayudemos, ya que la educación se da a lo largo de toda la vida, a las familias, a los padres y madres, para que comprendan la necesidad de implicarse en la educación de sus hijos, no delegándola en las instituciones, creando así un diálogo bidireccional en las comunidades educativas.
Como quiera que las personas forman la sociedad, transformémonos para transformar la sociedad.

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